viernes, 18 de abril de 2014

Una vida breve...

Mientras escribo, oigo a mis espaldas la televisión, un documental sobre una tribu africana. Lo de siempre: costumbres, creencias, hábitos, tradiciones. De pronto dice el narrador algo que me estremece. El hombre de la tribu pide, a través de su Gurú, la protección de los dioses para su familia y su poblado y para él una vida breve...¿se puede sintetizar mejor la angustia y el dolor de una dura existencia?

Es cierto que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, así puede elegir entre luchar por sacarle el mejor lado a su situación vital o darse por vencido y atrincherarse en el dolor, refugio peligroso que puede convertirle en un individuo pasivo y desesperado.

El hombre de la tribu ha perdido su vida aún antes de morir. A su alrededor se han creado necesidades que antes no conocía y ahora le provocan la ansiedad de tener lo que no puede, desea lo que está fuera de su alcance y le ha sumido en la insatisfacción.

Salir a cazar alimentos para su familia antes era un orgullo, ahora es un odioso esfuerzo. Su choza es peor que otras, otros reciben alabanzas y respeto, él no. Se siente derrotado y espera con su actitud deprimida captar la atención y la misericordia de la tribu para que se ocupen de él.

Está confuso, ha nacido en él un nuevo sentimiento de rencor contra todo lo que no es él mismo y su sufrimiento. El mundo le sobrepasa y piensa que él nada puede cambiar. Demasiados intereses fuera de su alcance, demasiado poder en manos inalcanzables, demasiadas estructuras dominantes globalizadas. Contra esos poderes diabólicos se siente desvalido e indefenso.

Al fin, al hombre de la tribu vienen a ayudarle, le traen comida, un psicólogo, medicinas para su depresión, le arreglan la choza. Pero él vigila lo que le dan a sus vecinos por si hay algún privilegio que no le alcanza. Su familia se ha contagiado del virus de la envidia y se pelean continuamente entre ellos y contra todos.

Una noche, cegado por su ira asalta la choza del Gurú y le clava su lanza varias veces con saña. Por la mañana vienen a buscarle, se lo llevan a la ciudad y lo encierran. En la tribu se reúnen los mayores y eligen al nuevo Gurú. Se recupera la rutina y todo vuelve a la “normalidad”.

Toda existencia individual está determinada por innumerables influencias del ambiente humano. Georg Simmel





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