jueves, 29 de mayo de 2014

El Águila Blanca


El águila es un inequívoco y universal símbolo de poder, asociada con el simbolismo solar y celeste, vinculada desde ya la antigüedad a la realeza y los dioses.

Su tamaño su fuerza y su autoridad la han convertido en un emblema de poder, su majestuoso vuelo, su velocidad, su destreza cazadora y su aguda vista han contribuido también a otras asociaciones simbólicas.
El águila: erupción de dignidad, libertad y fascinación. Ave majestuosa entroncada con el sol, la tormenta, el ímpetu guerrero, el triunfo del espíritu sobre la materialidad inerte. El humano se ha sentido hechizado por el anhelo de asemejarse al pájaro soberano de las alturas.

Sin embargo, el águila sufre a lo largo  de su vida un episodio doloroso de renovación. Puede vivir 70 años, pero a los cuarenta, su pico se ha curvado demasiado, apunta a su corazón y le impide comer, sus garras también curvadas que le impiden cazar las presas que la alimentan y el exceso de plumas le hacen difícil volar.

Si quiere sobrevivir, debe tomar una decisión radical: retirarse a algún lugar  en lo más alto y cercano a una pared de piedra, golpear con su pico hasta arrancárselo, esperar a que crezca el nuevo y entonces, arrancarse con él las viejas garras y las plumas que abruman su vuelo.
Tras cinco meses de renovación vuelve a surcar el cielo con su anterior ligereza y fuerza.

España cómo el Águila Blanca necesita renovarse o morirá indigente.

Viejas garras autonómicas que han crecido demasiado y torcidas. Hay que arrancarlas para que crezcan nuevas y en su justo tamaño. Gobiernos, funcionarios, embajadas, consejerías, asesores...

Arrancarse a golpes contra la roca un pico Estatal curvado, peligroso, apuntando directamente al corazón de la eficacia y la honestidad. Un Estado intervencionista e inoperante. Arrancarlo para conseguir uno nuevo fuerte y útil.

Unas plumas envejecidas que lastran el vuelo, organizaciones sindicales y organismos oficiales costosos y trasnochados. Unas plumas empresariales vendidas al poder. Unas Instituciones corruptas y arbitrarias.

¿Donde estamos los ciudadanos? Dentro de la deteriorada águila, aplastados por viejos picos, excesivas garras y densas plumas que nos impiden vivir. Pero si el águila es capaz de tomar la determinación de renovarse…¿no podemos nosotros?

Ana de Rojas


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