martes, 3 de junio de 2014

En Globo



Era el año 1974, hacía ya un año que de la mano de Jesús González Green y su remendado y decrépito globo “Tormenta” nos habíamos iniciado en la aerostación.

Mil aventuras de vuelos ilegales porque en la Guerra Civil se habían anulado los derechos de volar por razones obvias. En cierta ocasión Jesús con su hijo entonces adolescente, volaba desde una zona cercana al monte del Pardo, nosotros seguíamos con el coche de rescate, pero una corriente de aire inesperada le llevó sobre el Palacio residencia de Franco.

Entonces no había instrumentos de vuelo, el viento se medía tirando trocitos de papel higiénico y solo disponíamos de unos malos “walki-talkis”. Comprendimos la gravedad de la situación e impotentes seguíamos su vuelo hacia el interior del Parque desde el exterior de la verja. Como no podía usar el quemador porque hacía mucho ruido, vimos como el globo empezaba su descenso. Cundió el pánico y corríamos  buscando una entrada sin éxito. En una de las puertas de acceso vimos salir un coche, reconocí a Vicente, su médico y el de mi padre, corrimos hacía él y le expliqué la situación insólita: “Vicente, tenemos un amigo que ha caído en globo dentro del Parque, por favor, haz que nos dejen entrar a rescatarle”. La cara del médico era un poema, pero se consiguió. No hubo sanción ni castigo porque convenía acallar como las torretas de vigilancia no habían detectado nada.

Jesús estuvo volando sobre Franco más de un cuarto de hora mientras el Generalísimo jugaba al golf….

Nos solíamos reunir en la casa cercana a El Escorial que tenía Eugenio Martín Rubio (el hombre del tiempo que se afeitó el bigote por no acertar un pronóstico), decidimos que había que conseguir como fuera la legalización de Aviación Civil.

Propuse pedir ayuda al Príncipe Juan Carlos y solicitamos audiencia. Nos la concedieron en breve tiempo y para allá fuimos en nuestro modesto coche. La audiencia fue muy divertida, Jesús contaba sus anécdotas de corresponsal de guerra y le enseñábamos fotos de vuelos, incluso de mis hijos pequeños comiendo el bocadillo encima de las bombonas de propano.

-¿No es peligroso?- nos preguntaba el Príncipe. Se moría de ganas de volar, se notaba. Pero nos habían prohibido terminantemente llevar el aerostato porque no querían situaciones que suscitasen comentarios fáciles. Terminó la audiencia y al despedirnos me dijo –“bueno, no me has dicho que queréis de mi” – le contesté – “no importa Señor, seguro que ya está hecho.” Al día siguiente recibíamos la notificación de autorización de Aviación Civil.

Pobre hombre!, se quedó sin volar por culpa de las formas. Su situación era frágil y había que evitar el titular en la prensa “el Príncipe está en globo” o similar.

Ahora, el que está en globo es el Príncipe Felipe, una gran parte de la sociedad  no parece muy dispuesta a aceptar sucesiones de sangre. Si tienen derecho a votar por Gobierno, quieren derecho a votar por Jefatura de Estado.


Veremos como acaba este vuelo.

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