lunes, 15 de septiembre de 2014

Ramón Areces y una bonita historia de amistad

Conocí a Ramón Areces a través de mi padre. Eran amigos y Don Ramón tenía un especial código de honor hacia aquellos que le habían apoyado en algún momento. Ese era el caso en su relación con Eduardo de Rojas Ordoñez, conde de Montarco. En su proyecto de expansión en Madrid, Don Ramón quería abrir un nuevo El Corte Inglés enfrente del Palacio de los Deportes. Eduardo le ayudó en algún momento de la gestión y desde ese momento, además de amistad, Areces le declaró su agradecimiento sin límites.

Tan sin límites que tenía la deferencia de recibirme para que yo le contase y consultase sobre mis proyectos empresariales de adolescente. Paciencia y amabilidad que al paso de los años me asombra. Él ya tenía la visión de su negocio en el futuro, yo no tenía ni idea de nada. Sentado a su mesa con su famoso vasito de lápices me escuchaba y me aconsejaba. "Debes montar un negocio que ofrezca cosas necesarias para el 100% de la población"- me decía sonriente.

Fueron varias las ocasiones en las que tuve que recurrir a él, en una de ellas era para pedirle trabajo para un amigo mío estudiante de veterinaria. Me rechazó lo del trabajo porque dijo: "no podrá compatibilizar el horario nuestro con el estudio y prefiero que estudie, por ello dile que se ponga en contacto conmigo, yo el ayudaré a pagar sus estudios". Así, discretamente, generosamente.

Cuando éramos pequeños recuerdo ir todos los hermanos como pollitos detrás de nuestra cuidadora a El Corte Inglés de Preciados para comprarnos la ropa de temporada. Siempre nos atendía el Sr. Rovira que nos traía desde las bragas a los abrigos todo el género para probarlo. Después, compra realizada y nos íbamos sin pagar. Facturación de El Corte Inglés le pasaba la factura al despacho de mi padre y allí se pagaba. Fuimos los precursores de la tarjeta.

La última vez que le vi fue con ocasión de su patrocinio de la I Regata Internacional de Aerostación de España.

Sin embargo, a Isidoro no le traté nunca. Pero en una ocasión le escribí una carta para pedirle una recomendación para un amigo. Su respuesta fue inmediata y me puso en contacto con la persona adecuada para atender mi demanda. Código de honor heredado.

Descansen en paz estos empresarios ejemplares

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