viernes, 31 de octubre de 2014

El gen de la nobleza

Alguien me dijo una vez: “Los dirigentes políticos deberían ser de familias ricas, así, se dedicarían a mejorar la vida de los demás sin riesgo de corromperse”. Lo consideré simplista, desgraciadamente son muchos los ejemplos de ricos robando.

Luego entendí lo que realmente quiso decirme, “la buena cuna da más posibilidades de una educación estricta y ética”. Pues tampoco. De ello dan testimonio la miríada de sinvergüenzas ilustres.

Y llegué a una conclusión: Es un gen!. Debe haber un gen que propicia un férreo código moral: el gen de la nobleza. Transmisible pero no siempre transmitido.

Del latín nobilis que significaba principal, excelente, superior. Aristóteles denominó a la nobleza eughenia, que en griego quiere decir “bien nacido”, y la definió como la antigüedad de la riqueza y el mérito. Para Cicerón la nobleza se fundaba en la virtud y sus privilegios se desprendían de los miramientos que la sociedad debía a la vida virtuosa. Sócrates nos dice que la virtud de la nobleza nos permitirá tomar las mejores acciones y con ella podremos distinguir entre el vicio, el mal y el bien. Platón plantea que el ser humano dispone de tres poderosas herramientas: Intelecto, Voluntad y Emoción. Y tres virtudes para manejarlas: Sabiduría, Valor y Autocontrol, todo ello produce la virtud y merecimientos de la nobleza en el ser humano. Según Platón Nobleza y honra se distinguen en que la primera es por linaje y la segunda por propia virtud y merecimientos,

En siglos anteriores, ambas, linaje y virtud eran, frecuentemente, comunes en clases dirigentes. Había un código no escrito que aquel que se dedicaba a la política debía ser honesto y eficaz. Las familias de la nobleza
eran un referente importante en la vida de la sociedad hasta el siglo XX. Todo estaba en sus manos: la política, el dinero, la educación, la cultura, la vida social, por lo tanto, como eran o lo que hacían tenía mucha trascendencia y (nobleza obliga) cumplían con el código.

Rompió la hegemonía nobleza-linaje Napoleón, un gran estadista-visionario que dejó configurada la Unión Europea, y con el siglo XX y las dos guerras mundiales el gen de la nobleza perdió presencia y llegaron al poder y a la política hombres poseedores del gen de la ambición.

Tuvieron su lugar en la historia Adenauer, Roosevelt,  Einstein, Juan XXIII, Churchill,  Kennedy y en la última mitad del siglo XX, el gen de la nobleza, sin caldo de cultivo en el que prosperar, desapareció.

Ya está, se acabó. Sin gen de la nobleza ha nacido una nueva clase política: Los mediocres. Ni nobleza, ni linaje ni virtud. Solo avaricia, corrupción, ignorancia, inoperancia. Los nuevos estadistas son tan cortos de inteligencia como “largos” de mano. Ha surgido un nuevo gen, el gen-cutre que se transmite por contagio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario